El Carruaje, el Caballo, el Cochero y el Amo
La alegoría
Una de las imágenes más poderosas de Gurdjieff es la del carruaje tirado por caballos:
- El carruaje representa el cuerpo físico - El caballo representa las emociones y los sentimientos - El cochero representa la mente, el pensamiento - El amo (el pasajero) representa el Yo real, la voluntad consciente
Es crucial entender algo desde el principio: el cochero no es el dueño del carruaje—es solo un empleado. Su trabajo es recibir instrucciones del amo y transmitirlas al caballo. Pero no le corresponde decidir el destino.
En un ser humano completo, el amo da instrucciones al cochero, el cochero dirige al caballo, y el caballo tira del carruaje. Hay comunicación entre todas las partes, cooperación, un propósito unificado. Cada parte cumple su función sin usurpar la de las otras.
Pero en el ser humano ordinario, la situación es completamente diferente.
El coche de alquiler
"Casi cada hombre contemporáneo de edad responsable no consiste de más ni menos que simplemente un 'coche de alquiler.'"
Y este coche de alquiler está compuesto así:
El carruaje: "Un carruaje desvencijado 'que hace tiempo vio sus mejores días.'"
El caballo: "Un jamelgo"—un caballo viejo, enfermo, sin fuerza.
El cochero: "Un harapiento, medio dormido, medio borracho cochero."
El amo: Ausente. En su lugar hay "cualquier pasajero ocasional que pase"—un pasajero diferente cada vez, que contrata el coche, lo usa, y lo despide.
Esta es la condición del ser humano ordinario: las partes están desconectadas, deterioradas, mal mantenidas, y no hay nadie que verdaderamente las dirija.
El cochero (la mente)
El cochero representa "aquello en el hombre que la gente llama consciencia o mentación."
¿Cómo llegó a su estado actual?
"La totalidad de las manifestaciones de la mentación humana, con todas las características propias de este funcionamiento... corresponde casi exactamente en todos los aspectos a la esencia y manifestaciones de un típico cochero contratado."
Este cochero ha aprendido, por la presión de la vida, a distinguir una calle de otra, a calcular rutas alternativas cuando hay reparaciones. Ha desarrollado cierta astucia, cierta capacidad de halagar, de "acariciar a la gente de la manera correcta."
"El deseo de propinas le ha enseñado gradualmente a estar consciente de ciertas debilidades en las personas con quienes trata, y a sacar provecho de ellas; ha aprendido automáticamente a ser astuto, a halagar... y, en general, a mentir."
Pero todo esto es superficial. El cochero no tiene verdadero conocimiento de su oficio. "En cada ocasión conveniente y en cada momento libre se mete a una taberna o a un bar, donde sobre un vaso de cerveza sueña despierto por horas, o habla con algún tipo como él, o simplemente lee el periódico."
Y lo más importante: el cochero ha olvidado que es un empleado. Después de tanto tiempo sin recibir instrucciones del amo, ha comenzado a creer que él mismo es el dueño. Toma decisiones, elige destinos, actúa como si el carruaje le perteneciera. Pero no le pertenece—y sus decisiones llevan al carruaje a lugares que el verdadero amo nunca hubiera elegido.
El caballo (las emociones)
"La totalidad de las manifestaciones de la localización del sentimiento en el hombre y todo el sistema de su funcionamiento corresponde perfectamente al caballo del coche de alquiler."
El caballo ha tenido la peor suerte de todos:
"El caballo como un todo, debido a la negligencia de quienes lo rodeaban durante sus primeros años, y a su constante soledad, como si estuviera encerrado dentro de sí mismo; es decir, su llamada 'vida interior' ha sido empujada hacia dentro, y para manifestaciones externas no tiene nada sino inercia."
Nunca recibió educación apropiada. "Ha sido moldeado exclusivamente bajo la influencia de constantes palizas y abusos viles."
"Siempre ha sido mantenido atado; y como alimento, en lugar de avena y heno, se le da meramente paja que es completamente inútil para sus verdaderas necesidades."
El resultado: "Nunca habiendo visto en ninguna de las manifestaciones hacia él siquiera el menor amor o amabilidad, el caballo está ahora listo para entregarse completamente a cualquiera que le dé la más mínima caricia."
Y todas sus inclinaciones se han concentrado en lo más básico: "comida, bebida, y el anhelo automático hacia el sexo opuesto."
Pero el caballo tiene su propia voluntad—puede detenerse cuando quiere, puede asustarse y correr en cualquier dirección, puede negarse a avanzar. El cochero puede tirar de las riendas, pero si el caballo no quiere moverse, no se mueve.
El carruaje (el cuerpo)
El carruaje fue diseñado originalmente para viajar por caminos difíciles, con un sistema de lubricación que funcionaba gracias a los sacudones del viaje.
"El principio de su lubricación, una de las necesidades principales de una construcción de materiales tan diferentes, fue diseñado de tal manera que la grasa se esparciera sobre todas las partes metálicas por los sacudones recibidos de los golpes inevitables en tales caminos."
Pero ahora el carruaje está estacionado en la ciudad, viajando por calles lisas y asfaltadas.
"En ausencia de cualquier sacudón mientras va por tales caminos, no ocurre una lubricación uniforme de todas sus partes, y algunas de ellas consecuentemente deben inevitablemente oxidarse y dejar de cumplir la acción para la cual fueron destinadas."
El cuerpo humano fue diseñado para una vida dura, con esfuerzo físico, privaciones, peligros. En la vida moderna, sin estos "sacudones," se deteriora de maneras que sus diseñadores nunca anticiparon.
Y el cuerpo también tiene su propia voluntad: puede pedir comida cuando la mente dice ayunar, puede exigir descanso cuando las emociones quieren continuar, puede enfermarse cuando ambos lo ignoran.
La falta de conexión
El problema más grave es que las partes no están conectadas entre sí.
Las conexiones son:
- El cuerpo está conectado a las emociones por la sangre - Las emociones están conectadas al pensamiento por el Hanbledzoin—una sustancia sutil que Gurdjieff describe como lo que surge de los esfuerzos conscientes, y que permite que el pensamiento y el sentimiento se comuniquen realmente
Pero en el ser humano ordinario, estas conexiones funcionan mal o no funcionan en absoluto.
El cochero no conoce el lenguaje del caballo. El caballo quizás tenga su propio lenguaje, "pero el problema es que el cochero no lo conoce y ni siquiera sospecha su posibilidad."
El amo ausente
Lo más grave de todo: no hay amo.
"La diferencia entre un hombre real y un pseudo hombre, es decir, entre uno que tiene su propio 'Yo' y uno que no lo tiene, está indicada en la analogía que hemos tomado por el pasajero sentado en el carruaje. En el primer caso, el del hombre real, el pasajero es el dueño del carruaje; y en el segundo caso, es simplemente el primer transeúnte ocasional que, como la tarifa en un 'coche de alquiler,' está siendo continuamente cambiado."
Sin el amo, cualquier "yo" momentáneo puede tomar el control. Un deseo pasa, contrata el coche, lo lleva a algún lugar, y desaparece. Otro deseo toma su lugar.
"El mal fundamental entre la gente contemporánea es principalmente que, debido a los arraigados y extendidos métodos anormales de educación de la generación en crecimiento, esta cuarta personalidad que debería estar presente en todos al alcanzar la edad responsable está enteramente ausente en ellos."
Esencia y personalidad
Esta alegoría se conecta con otra distinción fundamental: entre esencia y personalidad.
"Debe entenderse que el hombre consiste de dos partes: esencia y personalidad. La esencia en el hombre es lo que es suyo propio. La personalidad en el hombre es lo que 'no es suyo propio.'"
La esencia es lo que nace con nosotros—nuestras inclinaciones naturales, nuestros gustos genuinos, lo que realmente somos debajo de todo lo adquirido.
La personalidad es todo lo adquirido: educación, imitación, lo que hemos aprendido a ser para sobrevivir socialmente.
"Un niño pequeño no tiene personalidad todavía. Él es lo que realmente es. Es esencia. Sus deseos, gustos, preferencias, aversiones, expresan su ser tal como es."
Pero tan pronto como comienza la "educación," la personalidad comienza a crecer—y la esencia queda enterrada.
"La esencia es la verdad en el hombre; la personalidad es lo falso."
Salzmann—continuadora de la enseñanza de Gurdjieff—lo formula con claridad: "La esencia se forma de impresiones que son asimiladas en la primera infancia, usualmente hasta la edad de cinco o seis años, cuando aparece una fisura entre esencia y personalidad."
La tragedia del desarrollo detenido
Uno de los descubrimientos más perturbadores del sistema:
"Sucede muy a menudo que la esencia de un hombre adulto, incluso la de un hombre muy intelectual y, en el sentido aceptado de la palabra, altamente 'educado,' se detiene al nivel de un niño de cinco o seis años."
Lo que vemos en tal hombre—sus opiniones, convicciones, ideales—es enteramente personalidad. Debajo, su esencia permanece infantil.
Peor aún: "A veces sucede que la esencia muere en un hombre mientras su personalidad y su cuerpo todavía están vivos. Un porcentaje considerable de las personas que encontramos en las calles de una gran ciudad son personas que están vacías por dentro, es decir, ya están realmente muertas."
La imagen completa
Gurdjieff pinta un retrato devastador:
"En el asiento de este elegante carruaje se sienta un cochero sin afeitar, desaliñado, somnoliento, vestido con una capa raída que ha rescatado del montón de basura donde había sido arrojada como completamente inútil por la criada de cocina. En su cabeza reposa una chistera nueva, una réplica exacta de la de Rockefeller; y en su ojal se exhibe un crisantemo gigante."
Esta imagen ridícula es el ser humano contemporáneo: un cuerpo nuevo con una vida emocional miserable, dirigido por un pensamiento dormido y pretencioso, sin ningún amo real.
La posibilidad
Pero la alegoría también contiene esperanza.
Las partes existen. El carruaje puede ser reparado. El caballo puede ser alimentado y entrenado. El cochero puede despertar y aprender su oficio. Y el amo—que no existe todavía como presencia permanente—puede ser desarrollado.
Para esto se necesita trabajo: "labores conscientes y sufrimientos intencionales."
Se necesita reparar las conexiones entre las partes. Se necesita que la personalidad se vuelva pasiva para que la esencia pueda crecer. Se necesita debilitar los "amortiguadores" que mantienen las partes separadas.
Y aquí está el punto crucial: la solución NO es que el cochero tome control total—que la mente domine a las emociones y al cuerpo. La solución es que las tres partes aprendan a cooperar, cada una cumpliendo su función apropiada. Solo cuando hay equilibrio entre los tres centros puede aparecer el amo. Solo en el silencio de la cooperación—no en el ruido de la dominación—puede el amo ser escuchado.